Nos conocimos en un campamento de iglesia. Ella tenía 13 años y yo 17, y lo único que hicimos fue tomarnos de la mano viendo una película. Fuimos amigos, luego novios, y después el tiempo nos separó.
Años más tarde, una manilla, una boda ajena en Cartagena y una cascada en Villa de Leyva nos devolvieron al mismo camino. Para pedirle que fuera mi esposa le conté la historia a José Balladares, mi profesor de canto, y de ahí salió esta canción. Sonó en una finca en Sopetrán la tarde en que le pregunté.
